Me ha recordado esta cuestión,
siempre de actualidad, el documental de Redes, La batalla de los sexos, que se
puede ver en: http://blip.tv/file/993752/,
por cierto que recomiendo que se pulse sobre el icono que está en la parte
inferior derecha de la pantalla, en forma de TV, para ampliar al tamaño máximo
la pantalla.
Helena incide en las diferencias que todos
conocemos:
Físicas. Las
mujeres han evolucionado mucho más en su aspecto externo, haciéndolas más
simétricas y de líneas más armoniosas. Hago
aquí un inciso porque, en realidad, según otros estudios, no somos totalmente
simétricos y, aunque nos sentimos más atraídos por las personas más simétricas,
nos atrae menos lo que es absolutamente simétrico. Quizás la conclusión a extraer
de que no nos atraiga la extrema simetría es que no es natural.
Según Helena ya en el comienzo
evolutivo de la aparición de la reproducción sexual hubo una diferenciación
acusada entre los dos sexos pues uno, el femenino optó por implicarse más en el
cuidado de la prole pues ponía más en el intercambio. Un óvulo cuesta mucho más
que un espermatozoide. El sexo masculino, tuvo que optar por ser más
competitivo para optar a la reproducción, no solo frente a otros individuos
sino entre espermatozoides produciendo millones de ellos.
La selección natural femenina se
ha basado más en la belleza por ser un indicador de su fertilidad y salud.
Las feministas dicen que las
diferencias entres sexos son escasas y Helena responde mencionando las clásicas
diferencias en que los hombres somos mejores para la rotación espacial
tridimensional, mecánica e ingeniería y las mujeres son mejores en lenguas. Que
a las mujeres les gustan más las personas y a los hombres las cosas. Que los
hombres asumen más riesgos, son más oportunistas y muy competitivos.
Helena habla de una diferencia
que, aunque intuía, nunca llegué a planteármela tal cual. Ella la llama la
diferencia de la “cola”. Afirma que las diferencias entre hombres son enormes
siendo capaces de estar en los extremos de lo peor y lo mejor para ciertas
características, mientras que en las mujeres se observan menos diferencias
extremas entre ellas. Así se explica que haya más hombres premios Nobel, pero
también más necios y criminales. Esto vendría a explicar porque hay más hombres
que dirigen el mundo, ocupan más altos cargos en las empresas. Helena pone
también el dedo en la llaga cuando menciona que, generalmente, no se habla del
extremo negativo de los hombres cuando se critica que las mujeres no estén en
los puestos más altos. Yo añado que
tampoco se mencionan muchos otros aspectos negativos que sufren los hombres más
que las mujeres: Son los que más mueren en guerras, accidentes laborales,
agresiones. También son los que más sufren con trabajos duros y la sociedad no
les permite lamentarse, llorar y vivir a costa de su pareja.
Por último dice que si los
hombres están en los puestos más altos no es por machismo sino por la gran
diferencia entre hombres y mujeres.
Punset también habla con Arcadi
Navarro, biólogo que opina que la determinación genética no es definitiva
debido a la interacción con el ambiente. A mí eso me parece una obviedad que no
invalida las afirmaciones de Helena. Siempre hay excepciones que confirman la
regla. Pero hay cosas que ningún ambiente puede cambiar. Los hombres tenemos
una cantidad de testosterona que nos hace muy diferentes de las mujeres para
sentir, actuar, pensar, etc. Y eso cualquiera que tenga un mínimo de sentido de
la observación puede comprobarlo.
También entrevista a María
Jayme, doctora en psicóloga
diferencial del sexo y del género de la Universidad de Barcelona, que habla de
experimentos que demuestran cómo, a los 18 meses de vida, ya hay diferencias
innatas manifiestas entre niños y niñas.
Estos experimentos ya los viví yo, personalmente cuando
era pequeño, y con mis hijos: Los niños, desde muy pequeños se inclinan por
peleas, juegos violentos, activos, etc., mientras que las niñas son menos
violentas, más apacibles en sus juegos, les gustan las muñecas, aunque nadie
les haya inculcado ese gusto, etc.
En general aprecio que sigue habiendo un enfrentamiento
dialéctico, y a veces peor, de una posición en la que estamos los que aceptamos
nuestro sexo y valoramos lo bueno y malo de ello, siendo conscientes de lo
complementarios que somos con el otro sexo; y los que abogan por eliminar
cualquier diferencia, no aceptan su sexo tal cual es, y envidian, aborrecen o
tratan con hostilidad a los que aceptan y disfrutan de como les ha hecho la
Naturaleza. Por supuesto hay otras posiciones intermedias.
Empecé a trabajar con 11 años y ganando 345 pesetas a la semana de 61 horas. Con ello no tenía ni para comer yo mismo.
Estudiando por las noches y fines de semana pude mejorar mi situación.
Me casé sin tener trabajo y mi mujer ganaba 5000 pesetas a la semana en 1980.
Nos fuimos de alquiler a un piso.
Algo menos de 3 semanas después, después de casarme, conseguí un trabajo cómodo a media jornada, aunque de sueldo muy bajo.
Había semanas que no teníamos ni para comprar gas para cocinar, pero éramos felices porque estábamos ilusionados. Los domingos salíamos a pasear y disfrutábamos de nosotros mismos, sin gastar una sola peseta.
Poco después ayudé a mi mujer a poner un negocio pidiendo avales y haciendo las reformas nosotros mismos. Durante un año aproximadamente iba aceptablemente bien, sin pagar impuestos, lo cerramos cuando empecé a poner dinero de mis escasos ingresos para afrontar los gastos de ese negocio al que le crecía la competencia por doquier.
Mi mujer decidió dejar de trabajar poco después de nacer nuestro primer hijo.
Nos impusimos un férreo presupuesto adaptado a los bajos ingresos que teníamos.
Salimos adelante con un control riguroso de los gastos, comprando en los sitios más baratos y privándonos de muchas cosas que eran fácilmente prescindibles.
Con muchísimo esfuerzo pagué la entrada para un piso de protección oficial ofertado por mi ayuntamiento a un precio excelente.
Seguí estudiando, cambiando de trabajo y mejorando mi condición económica. Como mi nuevo nivel social y círculo de amistades causaba preocupación a mi mujer decidí dejarlo y volver a mi anterior trabajo, peor pagado.
Actualmente mis ingresos son de algo más de mileurista y medio, sin embargo, me siento inmensamente feliz. Tengo mucho más de lo que jamás soñé y me sobran muchas cosas.
Para entender un poco mejor mi situación tengo que decir que una de las características que pueden definirme, económicamente hablando, sería la de "optimizador de recursos". Con el tiempo mi cónyuge ha llegado a ser tan hábil como yo en la optimización de recursos en la parcela que ha elegido.
No envidio a nadie de los que ganan 3 y 4 veces más que yo y encima tengo mucho tiempo para hacer lo que más me gusta: Leer y practicar senderismo y atletismo.
Todo esto es para ayudar a comprender que considero que la percepción de la situación personal y social de cada uno es relativa y suele haber mucho victimismo como esperando que vengan otros que tengan que solucionarnos los problemas traspasándoles la responsabilidad de nuestros errores y quedándonos con el mérito de nuestros logros.
Considero que los españoles somos bastante críticos, pero en el lugar equivocado, charlas, cafetería, etc. Sin embargo hacemos poco uso de la queja formal, ante el responsable, por escrito, etc.
Otra cosa que me llama la atención es que veo a muchos extranjeros, con mayor poder adquisitivo que nosotros preocuparse infinitamente más por los pequeños gastos, por no hacer dispendio, etc.
Creo que los españoles debemos ser de los más generosos a la hora de gastar dinero, sin fijarnos demasiado si se puede conseguir por un precio inferior. Algunas personas a las que no les suelen llegar los ingresos a fin de mes y que me han pedido préstamos, más de una vez, para pagar algún recibo, comprar comida, etc., me han llegado a decir que es una actitud de miserables, cuando he llamado su atención, intentando no ofender, sobre gastos inútiles que hacían, bajo mi punto de vista:
- Comprar cervezas para invitar a amigos en el bar de al lado cuando podrían haberlas comprado por la mañana en la tienda a un cuarto del precio.
- Celebrar comunión de un hijo, por todo lo alto, sin ser creyentes, pidiendo más créditos cuando no podían pagar los que ya tenían.
- etc.
Creo que uno de los grandes males es el fuerte convencimiento de muchos compatriotas de tener derecho a ganar mucho dinero, para gastar a lo grande y sin miramientos a cambio de trabajar muchas horas, sin cuestionarse si el trabajo realizado tiene el valor de mercado suficiente para ello.
He leído en numerosas ocasiones
que la ingesta de alcohol o drogas se considera una eximente.
Demasiada gente asocia beber
alcohol con la diversión.
Me he emborrachado un par de
veces, cuando era adolescente, y he bebido más de la cuenta algunas otras.
NUNCA me ha dado por hacer daño a nadie. Como máximo he reído más y he cometido
alguna tontería más de lo habitual.
Lo mismo cabe decir de otras
personas que he conocido. Mi padre era y murió alcohólico y nunca le ví hacer
daño a nadie, ni tan siquiera insultar.
En los últimos años, cada vez
con mayor frecuencia, declino acudir a algunas celebraciones precisamente por
la ingesta de alcohol que suele llevar relacionada. Puedo controlar no emborracharme,
pero, con la tentación continua frente a mí, durante horas, me resulta muy
difícil evitar estar al día siguiente con la mente algo embotada y eso sí que
no me gusta nada. Mi día después de las celebraciones con abundante ingesta de
alcohol son perdidos, no puedo hacer las cosas habituales: deporte, lectura
comprensiva, etc.
Cuando era un adolescente me
encontré con un conocido dos fines de semana consecutivos. Estaba bebido y me
molestó pidiéndome cosas, pesadamente y en un tono desagradable. Como entonces
yo tenía poca paciencia recuerdo que la segunda vez le espeté, muy en serio,
que no le iba a tolerar más esa actitud, que si no era capaz de controlarse con
la bebida que no bebiera y que la próxima vez que me molestara usaría algo más
contundente que las palabras. A pesar de estar beodo me entendió a la
perfección y no volvió a incordiarme. Como curiosidad aproximadamente un año
antes, a este individuo le salvé de una paliza muy grave que le estaban
propinando a patadas por todo el cuerpo. A pesar de no ser “santo de mi
devoción”, me pareció tan cruel la tunda que decidí interceder por él. Sólo
quise separarles, pero el agresor se lo tomó a mal. Supongo que pensaba que yo
era demasiado atrevido por osar contradecirle ya que era menor que él y no acudía
a un gimnasio que él si frecuentaba. Debía mantener su “prestigio” de tío duro.
El caso es que tuve que defenderme también de su furibundo ataque. La verdad es
que aquel tipo se merecía la reprobación por su actitud siempre desagradable,
pero es que creía que lo iba a matar de tan salvaje que le aplicaba el
“castigo” dándole patadas y tirándole por unas escaleras.
Cuento todo esto porque me
parece que la ingestión de drogas o alcohol rara vez debería considerarse una
eximente, sino agravante. El que no pueda tomarlas que no lo haga. Si nadie les
obliga a ello. Además, como os he contado, el ebrio sí me entendió, por lo que
sabía lo que estaba haciendo.
Por otro lado he observado
cierta costumbre en muchos padres de enseñar a los niños que después de hacer
cualquier cosa basta con decir lo siento. Los adultos también captan el
mensaje.
Si a eso le sumamos que a
algunas personas les cuesta poco encontrar excusas por muy peregrinas que éstas
sean, que los medios de comunicación airean los peores comportamientos del ser
humano convirtiéndolos en protagonistas, que se convierten en víctimas a los
verdugos, que se mantiene una equidistancia de lo bueno y de lo malo, que sólo
se critica lo políticamente incorrecto en cada momento; etc. El futuro es
sombrío. Al menos en lo que a convivencia social y armoniosa se refiere.
Desde hace pocos años he dejado
también de beber alcohol habitualmente con las comidas. Eso lo hice para no dar
un mal ejemplo a mis hijos. Me parecía incoherente decirles que evitaran el
alcohol y que me vieran todos los días, en todas las comidas, bebiendo vino y
cerveza. Ahora solo bebo cuando salgo fuera y ocasionalmente en casa.
En contraste yo tomé vino desde
muy corta edad, incluso como alimento. Todavía recuerdo las sabrosísimas catas
de pan con vino y azúcar que mi madre me enseñó a preparar para merendar. La
cultura mediterránea siempre ha estado vinculada al vino y al aceite.
Muchos podemos recordar como se
publicitaban en la televisión bebidas alcohólicas recomendándolas para los niños
como las kinas San Clemente y Santa Catalina.
La violencia asociada al alcohol
es más propia de los anglosajones. Mi experiencia es que el alcohol desinhibe
nuestro carácter mostrando buena parte de lo que solemos ocultar o aminorar por
cultura o educación. Así, los que son violentos o desagradables acentúan esas
características cuando están bebidos. Los amigos que tenía pendencieros lo eran
más cuando estaban bajo la influencia del alcohol. A los que no lo eran el
alcohol no hacia aflorar en ellos violencia alguna.
Si no tenéis miedo al resultado aquí tenéis un enlace para
realizar un test sobre seguridad en ti mismo.
Yo lo he hecho porque tenía absoluta seguridad de lo que iba a
salir. Jajajajajajajaja.
No. Es broma. Me lo imaginaba, pero no lo sabía.
De todas formas esa seguridad la he ido consiguiendo con el
tiempo.
En realidad creo que siempre he tenido una seguridad en mi mismo
instintiva, pero mi tendencia natural a escuchar opiniones ajenas y a la empatía
me hicieron dudar de ello durante muchos años. Hasta que “cogí el toro por los
cuernos”, analicé la situación, con detalle, miré a mi alrededor, miré hacia
atrás los resultados de mis decisiones y … ¡me quedé sorprendido de los
resultados tan exageradamente positivos de dichas decisiones! A partir de ahí
siempre he tenido el suficiente grado de confianza y autoestima para vivir
mejor y “saborearlo”. No se si los demás pueden llegan a imaginar la sensación
tan placentera y reconfortante que se experimenta con un grado de seguridad por
el que no te asusta “casi” nada, y se considera una oportunidad de nuevas
experiencias y sensaciones los cambios, por duros y apabullantes que éstos
parezcan.
Supongo que debe ser igual que sentir el “placer de la
venganza”. Muchas veces he pensado que debe ser “dulce”, pero soy absolutamente
incapaz de ello. Personas hay que han tratado de hacerme daño, sin provocación
previa por mi parte. Después las he tenido a mi merced y no sólo no me he
vengado, sino que las he ayudado. No se merecen ni un minuto más de mi precioso
tiempo. Sin embargo conozco otras personas que por cualquier nimiedad
manifiestan un rencor enorme y tratan de vengarse a toda costa.
He llegado a la conclusión de que no soy vengativo por mi
proclividad natural a seguir la “Ley del mínimo esfuerzo”. ¿Para qué voy a molestarme
en “castigar” a alguien si ya no es
enemigo a temer? La experiencia me ha demostrado que esa es la actitud más
inteligente porque algunas de esas personas después han llegado a respetarme
mucho. Aunque, en honor a la verdad, tengo que reconocer que esas personas no
son fiables y hay que estar siempre precavido con ellas ya que suelen disfrutar
haciendo daño a los demás.
Nota: El test sale en una ventana aparte, por lo que si tenéis
habilitado, como yo, una opción para evitar las ventanas de publicidad tendréis
que activarlas para esta dirección. No es publicidad.
A continuación está el
resultado de mi test. Te aconsejo que, si quieres hacer el test no leas todavía
mis resultados, porque podría desvirtuar tus propios resultados.
Después, si quieres, vuelves
aquí para leerlo.
TEST ¿Tienes seguridad en ti mismo?
La seguridad en uno mismo afecta al modo en cómo nos
sentimos y nos comportamos. Nos ayuda a pisar fuerte en la vida, a actuar con
confianza, a tomar decisiones importantes, y acaba por influir inevitablemente
en nuestra felicidad. Las situaciones que te proponemos a continuación te
ayudarán a averiguar si eres una persona con confianza en ti misma, o si por el
contrario te dejas llevar por la inseguridad.
Descúbrelo contestando a las siguientes 15 preguntas:
1. ¿Cómo te manejas a la hora de tomar decisiones?
a. Evitas analizar la situación y decides lo primero que se
te ocurre.
b. Valoras las ventajas e
inconvenientes y después decides.
c. Eres muy indeciso. Nunca estás seguro de las decisiones
que tomas.
2. ¿Te encuentras rodeado de gente con la que te sientes
infravalorado?
a. Nunca te has sentido infravalorado o rechazado por los
demás.
b. Evitas estas situaciones, te sientes muy incómodo.
c. Intentas demostrar lo mejor
que hay en ti, de esta forma te apreciarán más.
3. ¿Le das importancia a la opinión que los demás tienen
sobre ti?
a. Sí, por lo que intentas siempre dar una buena impresión y
sacar lo mejor.
b. Las únicas opiniones que te importan son las de la gente
que te quiere.
c. Solamente estás pendiente de
la impresión que causas en algunas personas.
4. En el trabajo te corrigen por algo que no has hecho bien:
a. Es horrible haber cometido ese error. No te puedes
permitir equivocarte.
b. Intentas justificarlo de alguna forma.
c. Pides disculpas e intentas
corregir lo que está mal.
5. ¿Tienes facilidad para expresar tus sentimientos cuando
lo necesitas?
a. Evitas manifestarlos por miedo a que sean ridiculizados
por los demás.
b. Eso es algo que sólo hacen los débiles, por lo que evitas
que los descubran.
c. No tienes ningún problema en
expresar lo que realmente sientes.
6. Trabajas en equipo y se descubre que alguien ha cometido
un error:
a. Intentas averiguar si el
error ha sido tuyo y, en caso de ser así, rectificas.
b. Piensas que lo más probable es que seas tú el culpable.
c. Echas la culpa a los demás, es muy difícil que tú te equivoques.
7. ¿Tienes miedo a lo desconocido?
a. En absoluto, te encantan los
riesgos y conocer cosas nuevas.
b. Ante la novedad, sueles mantener una actitud reservada y
distante.
c. Te da mucho miedo desconocer si vas a ser capaz de
adaptarte a nuevas situaciones.
8. ¿Tiendes a compararte con los demás?
a. Siempre te estás comparando con los demás.
b. Es absurdo. Cada uno es
diferente y eso es lo que nos hace ser especiales.
c. A veces no puedes evitar hacer alguna comparación.
9. Te encuentras en una reunión con amigos...
a. Haces todo lo posible por ser el centro de atención.
b. Es un buen momento para
divertirte y conocer gente nueva.
c. Coges a una sola persona para hablar e intentas pasar
inadvertido.
10. Tu jefe te encarga un trabajo de mucha responsabilidad.
a. Aceptas pensando que nadie va a hacer ese trabajo mejor
que tú.
b. Intentas hacerlo lo mejor que
puedes.
c. Te desesperas pensando que no vas ha ser capaz de
hacerlo.
11. Cuando recibes algún elogio por parte de los demás...
a. Siempre es agradable que los
demás nos elogien.
b. Te da mucha vergüenza y no sabes cómo reaccionar.
c. Piensas que lo hacen para quedar bien.
12. ¿Sueles dar tu opinión cuando estás con un grupo de
amigos?
a. No sueles opinar, tienes miedo a que resulte ridículo lo
que opinas.
b. Te gusta opinar y expresar lo
que piensas.
c. Solamente si coincide con lo que opinan la mayoría.
13. Estás en una fiesta y se te cae una copa al suelo...
a. Te invade una sensación de malestar, es lo peor que te
podía pasar.
b. Intentas limpiar el suelo y
recoger los cristales.
c. Procuras culpar a alguien por empujarte.
14. ¿Sueles pedir opinión a los demás sobre la mayoría de
tus decisiones?
a. A veces pides otra opinión,
pero al final siempre decides tú lo que debes hacer.
b. Las opiniones ajenas sólo sirven para liarte más de lo
que habitualmente estás.
c. Siempre lo haces, tú solo te sientes incapaz de hacerlo y
te puedes equivocar.
15. ¿Intentas complacer y agradar a los demás?
a. No tiene sentido estar pendiente de agradar a los otros,
no te lo van a agradecer.
b. Darse a los demás es una
forma de enriquecerse uno mismo y las relaciones.
c. Intentas complacer a los que te rodean por miedo a perder
su afecto.
RESULTADO DE MI TEST:
PUNTUACIÓN:40
Esta puntuación indica que tienes una gran habilidad para
encontrar la felicidad dentro de ti y asumes la responsabilidad de tus
actuaciones y sentimientos.
En general te enfrentas a la vida con seguridad y firmeza, y
ante los problemas y conflictos sabes encontrar las soluciones oportunas.
Esta entrada de Varsavsky me ha hecho reflexionar sobre esta cuestión.
Creo que casi todos los motivos que allí se exponen son
determinantes.
Como suele suceder son un conjunto de circunstancias lo que
nos ha llevado a esta situación.
Coste económico
En la posguerra los españoles estaban en la miseria la
mayoría, incluso sin alimento suficiente. En ocasiones mi padre iba a buscar un trabajo
incierto a las 4 de la mañana, y comía lo que encontraba abandonado en el campo
como alguna bellota. Los pocos ingresos eran para los hijos y medicinas si había algún enfermo. Aún así
tuvo cinco.
Otro factor de interés es que ahora los hijos pueden
representar un cúmulo de disgustos, exigencias e ingratitud, sin que tengas
demasiadas posibilidades de educarles según tu criterio, ya que, la influencia
social y de los medios de comunicación puede ser muy superior a la de sus
propios padres.
Ahora parece que sólo los hijos tengan derechos y los padres
obligaciones, cuando antes era casi lo contrario. Normalmente la gente espera
que sus obligaciones y desvelos se vean recompensados con un mínimo de
gratitud. Demasiadas veces se obtiene todo lo contrario: Más exigencias, desafección e
ingratitud.
Por otro lado también está la sobreprotección que, bajo mi
punto de vista, es negativa tanto para los hijos como para los padres.
Está aumentando considerablemente el amedrentamiento y los
malos tratos a los padres. Principalmente a las madres separadas, abuelas, etc.
La figura paterna y los valores masculinos están
desprestigiados, mientras que los valores femeninos están más en alza al mismo
tiempo que las madres tienen cada vez menos tiempo para dedicarles. No se valora
ni fomenta el sacrificio. Al contrario, nos embriagamos de hedonismo y egoísmo.
Aumento de las separaciones de los padres y de las llamadas
familias monoparentales.
Padres que se auto engañan, y traicionan a sus hijos,
confundiendo comodidad e irresponsabilidad con bondad.
Estamos en un profundo proceso de readaptación, a otros
roles, en el núcleo familiar, y necesitaremos de mucho tiempo para ir
encontrando un nuevo y necesario reequilibrio.
No confío en absoluto en que la generación actual pueda
corregir estos malos hábitos, pues todavía es una tendencia en crecimiento, las
sociedades nunca saben parar a tiempo los excesos, sino que esperan a llegar a
un extremo para empezar a decantarse hacia el otro. Yo lo llamo efecto péndulo.
Todo este cúmulo de circunstancias, y algunas otras, hacen cada vez menos apetecible la paternidad / maternidad.
Graciano Palomo escribe una entrevista a Emilio Pinto “Hay padres que
blindan su casa por miedo a su hijo”
ACOSO EN LOS HOGARES. "Preferiría
que mi hijo estuviera muerto". Emilio Pinto, presidente de una fundación
dedicada a los menores y las familias, ha escuchado esta tremenda frase en más
de una ocasión.
M. Ángeles Burguera habla en un artículo sobre los pequeños tiranos y los
padres complacientes.
“La aparición de estos diminutos déspotas –casi siempre chicos, de
apenas 7 u 8 años– que dan órdenes a los padres, organizan la vida familiar y
chantajean a todo aquel que intenta frenarlos, comenzó a observarse hace ya una
década en las consultas infantiles. Su comportamiento colérico, más allá de la
simple pataleta, hace temer una adolescencia conflictiva y quizá contribuya a
aumentar un problema social ya serio: la violencia juvenil”.
En el blog de Varsavsky he podido leer una interesante reflexión sobre el índice del bienestar.
El índice de bienestar es... relativo. Sí, ya sé que esa palabreja está muy gastada, pero es indispensable. ¿Quién tiene más bienestar un gerente que trabaja 12 horas al día y tiene un cochazo y una gran casa con todo tipo de aparatos tecnológicos, pero sin apenas tiempo para disfrutarlos; o un habitante del 3º mundo, con lo mínimo indispensable para subsistir, pero rodeado de amigos y familiares durante todo el día? Creo que habría que contar cuantas veces al día sonríen, ríen, carcajean, tienen stress, obtienen placer, disfrutan del sol, etc. para poder discernir. También depende de los intereses individuales. Yo disfruto enormemente leyendo el periódico y rellenando el crucigrama,(es un decir), tomando el sol plácidamente en un parque por un precio cero, si el diario es gratuito. Mientras que otros necesitan tomarse varios lingotazos en un establecimiento de postín y vestir las prendas más caras y elitistas. En fin, creo que tiene más el que disfruta de las pequeñas - grandes cosas gratuitas que hay a su alrededor que el que busca, incesantemente, cosas extraordinariass que le estimulen. Esto me recuerda una noticia que leí hace mucho tiempo sobre una familia que vivía en una fabela en los suburbios pobres de Río de Janeiro. El nivel económico de esa familia mejoró mucho, no recuerdo si fue por efecto de la lotería o porque pusieron un negocio que funcionó. El caso es que se trasladaron a una vivienda moderna en un barrio de clase media. Poco tiempo después la familia reconocía haber perdido bienestar emocional y alegría de vivir ya que no disponían de tiempo ni ocasión para hablar con los vecinos en la calle, jugar, tanto niños como adultos en la calle, formar parte activa de la comunidad humana que les circunda, etc. Todos sabemos lo inmensamente solas que pueden llegar a sentirse en los grandes bloques de viviendas. Otro aspecto también muy importante sobre esta cuestión es la relatividad de la percepción. Una persona negra y pobre en un pueblo africano se siente menos desgraciado que su equivalente en USA porque éste último se compara con la abundancia que hay a su alrededor, mientras que el primero percibe menos desigualdad con sus convecinos.