Laberinto de pasiones

El blog de zahorin

Hay tantas verdades como personas y circunstancias

8 de Septiembre, 2007


Pasión por la lectura

Publicado el 8 de Septiembre, 2007, 3:16. en General.
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Lo primero que recuerde que me gustaba leer es la Historia Sagrada, en el colegio.

¡Qué bonito era leer esas historias donde se predicaba el bien, la solidaridad, pensar en el prójimo, etc.!

Después me gustaba algo la Historia, aunque con mucha diferencia respecto de las parábolas de Jesús. El resto de materias escolares como Geografía, Ciencias de la Naturaleza, etc., no recuerdo que disfrutara con ellas. Sin embargo mis gustos han cambiado bastante y hoy día me decanto más por la lectura de ciencia y tecnología, sin despreciar otras áreas.

Normalmente no tenía dinero para comprar lectura de mi interés.

Mi primera compra fue a los 6 ó 7 años. El director de la Academía Azorín, (por cierto que aunque tenga parecido onomatopéyico no tiene nada que ver con el pseudónimo que utilizo en Internet: zahorin), donde estudiaba me preguntó si estaría dispuesto a hacer de lazarillo para un invidente que vendía cupones de la ONCE (Organización Nacional de Ciegos de España). Cuando salía de la Academia a las 12 horas, hacíamos un recorrido por las calles del centro de la ciudad vendiendo los cupones, mientras yo le dirigía con una de sus manos en mi hombro y en la otra su bastón. Él me pagaba 1 peseta cada día. Cuando tenía 3,5 pesetas compraba un tebeo de "El Capitán Trueno" o "El Jabato". Posteriormente me enteré que existía una Biblioteca donde ¡se podía leer gratis! y me tiraba largas tardes leyendo sin descanso. Lamentablemente no disponían de variedad de lectura infantil. Allí leí docenas de tebeos de Tintín. Algún año después leí casi todas las tragedias griegas gracias a las bibliotecas. Me encanta la literatura clásica.

También me hice amigo del hermano del dueño de un kiosco. Llegué incluso a ayudarle a excavar un pozo, a mano, en su campo, a cambio de leer gratis en el kiosco. Supongo que pensó que le resultaría rentable. No se si después pensaría lo mismo cuando dedicaba tardes enteras a leer en la trasera del kiosco, que estaba emplazado en la casa de sus padres.

Tuve un buen amigo con 9 hermanas, una de ellas monja. Como siempre he sido muy activo y de poco dormir, acudía a menudo a su casa antes de que se hubiera despertado. Así que le esperaba, sin prisas, leyendo montones de novelas de Selene, Corín Tellado, revistas "rosa" como el "HOLA", "SEMANA", etc. Las novelas que leían las chicas de la época. No es que me gustaran especialmente. Es que cualquier lectura a la que tuviera acceso la "devoraba". No recuerdo bien, pero no me extrañaría que acudiera temprano a casa del amigo ex profeso para leer.

Cuando empecé a trabajar, a los 11 años, ya pude comprar algún tebeo de los "Marvel Groups". Éstos me fascinaban. Era literatura fantástica ilustrada: Los cuatro fantásticos, Dan Defensor, El Hombre de Hierro, El Capitán Nemo, Thor, etc. Como no podía comprar ni una milésima parte de lo que podía leer, a veces cambiaba esos tebeos en el kiosco por un precio más asequible. Cuando tenía la suerte de encontrar algún amigo con el que intercambiar una buena cantidad de lectura la emoción me embargaba y era incapaz de irme a la cama sin leer absolutamente todo lo que tenía a mi disposición. Cuando era muy tarde, ya entrada la noche, mi madre se irritaba, después de requerirme varias veces para que me fuera a la cama y me apagaba la luz. La inquietud que generaba en mi tener al alcance tanta lectura me incapacitaba para dormir y procedía a salir al descansillo de la escalera con la lectura para deleitarme con ella. Como la luz de la escalera lleva un temporizador que la apaga automáticamente, tenía que levantarme continuamente de mi asiento, un escalón, para volver a dar la luz. Así hasta que lo terminaba todo.

A los 13 años, cuando empecé a vivir solo, empecé a habituarme a leer periódicos. Al principio me costaba bastante, pero poco a poco iba entendiendo todo un mundo nuevo "más serio". Me ayudó el hecho de que algunas mañanas iba a desayunar a un bar. Solía pedir un vaso grande de leche preparada y un bocadillo de jamón y queso. Entonces comía más. JeJe. En el bar era, y es, costumbre tener diarios a disposición de los clientes. Como yo nunca me he podido sustraer a la lectura aunque ésta no fuera de interés especial para mí, y además iba incluido en el precio, pues me fui acostumbrando.

Como viajaba muy a menudo recuerdo que la parte más pesada de mi equipaje eran los libros. Algunos amigos se quedaban asombrados de lo que pesaban. Ahora me pasa lo mismo. He cambiado varias veces de domicilio y los empleados de la mudanza siempre hacen comentarios de lo que pesan cajas y cajas de libros. Yo les digo, que una vez leídos ya no pesan nada. Jeje.

La primera enciclopedia que compré de un solo tomo está sobadísima de tanto uso. La siguiente fue la enciclopedia Larouse. A mi mujer le molestó bastante que gastara tanto dinero en ella. Estuve pagándola durante 2 años, a plazos.

Ahora sigo leyendo bastante, pero he perdido variedad. No leo nada de novela y casi todo es ciencia y cuestiones prácticas. Y no es porque no me guste la Literatura. Es porque he descubierto que la ciencia es más rentable económicamente y también me gusta. Así que, "mato dos pájaros de un tiro". Disfruto y rentabilizo mi tiempo.

Ni en mi caso ni en de las personas de mi entorno se cumple ese pretendido axioma de que los hijos copian la costumbre de los padres si les ven leer.

En mi casa no había ni un solo libro y a mí me gustó leer desde que aprendí. Mi madre no sabía ni leer ni escribir y mi padre leía y escribía con dificultad. Mis hijos no leen asiduamente ni les gusta especialmente hacerlo. Y eso que tienen estanterías llenas de libros a su disposición y a mí me ven todos los días leyendo. Tampoco mis sobrinos ni hermanos, cuñados, etc. tienen tanta pasión por la lectura como yo.