Laberinto de pasiones

El blog de zahorin

Hay tantas verdades como personas y circunstancias

Una experiencia vital ante las dificultades

Publicado el 27 de Agosto, 2007, 19:10. en Reflexiones.
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Empecé a trabajar con 11 años y ganando 345 pesetas a la semana de 61 horas. Con ello no tenía ni para comer yo mismo.

Estudiando por las noches y fines de semana pude mejorar mi situación.

Me casé sin tener trabajo y mi mujer ganaba 5000 pesetas a la semana en 1980.

Nos fuimos de alquiler a un piso.

Algo menos de 3 semanas después, después de casarme, conseguí un trabajo cómodo a media jornada, aunque de sueldo muy bajo.

Había semanas que no teníamos ni para comprar gas para cocinar, pero éramos felices porque estábamos ilusionados. Los domingos salíamos a pasear y disfrutábamos de nosotros mismos, sin gastar una sola peseta.

Poco después ayudé a mi mujer a poner un negocio pidiendo avales y haciendo las reformas nosotros mismos. Durante un año aproximadamente iba aceptablemente bien, sin pagar impuestos, lo cerramos cuando empecé a poner dinero de mis escasos ingresos para afrontar los gastos de ese negocio al que le crecía la competencia por doquier.

Mi mujer decidió dejar de trabajar poco después de nacer nuestro primer hijo.

Nos impusimos un férreo presupuesto adaptado a los bajos ingresos que teníamos.

Salimos adelante con un control riguroso de los gastos, comprando en los sitios más baratos y privándonos de muchas cosas que eran fácilmente prescindibles.

Con muchísimo esfuerzo pagué la entrada para un piso de protección oficial ofertado por mi ayuntamiento a un precio excelente.

Seguí estudiando, cambiando de trabajo y mejorando mi condición económica. Como mi nuevo nivel social y círculo de amistades causaba preocupación a mi mujer decidí dejarlo y volver a mi anterior trabajo, peor pagado.

Actualmente mis ingresos son de algo más de mileurista y medio, sin embargo, me siento inmensamente feliz. Tengo mucho más de lo que jamás soñé y me sobran muchas cosas.

Para entender un poco mejor mi situación tengo que decir que una de las características que pueden definirme, económicamente hablando, sería la de "optimizador de recursos". Con el tiempo mi cónyuge ha llegado a ser tan hábil como yo en la optimización de recursos en la parcela que ha elegido.

No envidio a nadie de los que ganan 3 y 4 veces más que yo y encima tengo mucho tiempo para hacer lo que más me gusta: Leer y practicar senderismo y atletismo.

Todo esto es para ayudar a comprender que considero que la percepción de la situación personal y social de cada uno es relativa y suele haber mucho victimismo como esperando que vengan otros que tengan que solucionarnos los problemas traspasándoles la responsabilidad de nuestros errores y quedándonos con el mérito de nuestros logros.

Considero que los españoles somos bastante críticos, pero en el lugar equivocado, charlas, cafetería, etc. Sin embargo hacemos poco uso de la queja formal, ante el responsable, por escrito, etc.

Otra cosa que me llama la atención es que veo a muchos extranjeros, con mayor poder adquisitivo que nosotros preocuparse infinitamente más por los pequeños gastos, por no hacer dispendio, etc.

Creo que los españoles debemos ser de los más generosos a la hora de gastar dinero, sin fijarnos demasiado si se puede conseguir por un precio inferior. Algunas personas a las que no les suelen llegar los ingresos a fin de mes y que me han pedido préstamos, más de una vez, para pagar algún recibo, comprar comida, etc., me han llegado a decir que es una actitud de miserables, cuando he llamado su atención, intentando no ofender, sobre gastos inútiles que hacían, bajo mi punto de vista:

- Comprar cervezas para invitar a amigos en el bar de al lado cuando podrían haberlas comprado por la mañana en la tienda a un cuarto del precio.

- Celebrar comunión de un hijo, por todo lo alto, sin ser creyentes, pidiendo más créditos cuando no podían pagar los que ya tenían.

- etc.

Creo que uno de los grandes males es el fuerte convencimiento de muchos compatriotas de tener derecho a ganar mucho dinero, para gastar a lo grande y sin miramientos a cambio de trabajar muchas horas, sin cuestionarse si el trabajo realizado tiene el valor de mercado suficiente para ello.