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31 de Julio, 2007


Sobre la adicción al alcohol y las drogas. ¿Eximente o agravante?

Publicado el 31 de Julio, 2007, 10:37. en Reflexiones.
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He leído en numerosas ocasiones que la ingesta de alcohol o drogas se considera una eximente.

Demasiada gente asocia beber alcohol con la diversión.

Me he emborrachado un par de veces, cuando era adolescente, y he bebido más de la cuenta algunas otras. NUNCA me ha dado por hacer daño a nadie. Como máximo he reído más y he cometido alguna tontería más de lo habitual.

Lo mismo cabe decir de otras personas que he conocido. Mi padre era y murió alcohólico y nunca le ví hacer daño a nadie, ni tan siquiera insultar.

En los últimos años, cada vez con mayor frecuencia, declino acudir a algunas celebraciones precisamente por la ingesta de alcohol que suele llevar relacionada. Puedo controlar no emborracharme, pero, con la tentación continua frente a mí, durante horas, me resulta muy difícil evitar estar al día siguiente con la mente algo embotada y eso sí que no me gusta nada. Mi día después de las celebraciones con abundante ingesta de alcohol son perdidos, no puedo hacer las cosas habituales: deporte, lectura comprensiva, etc.

Cuando era un adolescente me encontré con un conocido dos fines de semana consecutivos. Estaba bebido y me molestó pidiéndome cosas, pesadamente y en un tono desagradable. Como entonces yo tenía poca paciencia recuerdo que la segunda vez le espeté, muy en serio, que no le iba a tolerar más esa actitud, que si no era capaz de controlarse con la bebida que no bebiera y que la próxima vez que me molestara usaría algo más contundente que las palabras. A pesar de estar beodo me entendió a la perfección y no volvió a incordiarme. Como curiosidad aproximadamente un año antes, a este individuo le salvé de una paliza muy grave que le estaban propinando a patadas por todo el cuerpo. A pesar de no ser “santo de mi devoción”, me pareció tan cruel la tunda que decidí interceder por él. Sólo quise separarles, pero el agresor se lo tomó a mal. Supongo que pensaba que yo era demasiado atrevido por osar contradecirle ya que era menor que él y no acudía a un gimnasio que él si frecuentaba. Debía mantener su “prestigio” de tío duro. El caso es que tuve que defenderme también de su furibundo ataque. La verdad es que aquel tipo se merecía la reprobación por su actitud siempre desagradable, pero es que creía que lo iba a matar de tan salvaje que le aplicaba el “castigo” dándole patadas y tirándole por unas escaleras.

Cuento todo esto porque me parece que la ingestión de drogas o alcohol rara vez debería considerarse una eximente, sino agravante. El que no pueda tomarlas que no lo haga. Si nadie les obliga a ello. Además, como os he contado, el ebrio sí me entendió, por lo que sabía lo que estaba haciendo.

Por otro lado he observado cierta costumbre en muchos padres de enseñar a los niños que después de hacer cualquier cosa basta con decir lo siento. Los adultos también captan el mensaje.

Si a eso le sumamos que a algunas personas les cuesta poco encontrar excusas por muy peregrinas que éstas sean, que los medios de comunicación airean los peores comportamientos del ser humano convirtiéndolos en protagonistas, que se convierten en víctimas a los verdugos, que se mantiene una equidistancia de lo bueno y de lo malo, que sólo se critica lo políticamente incorrecto en cada momento; etc. El futuro es sombrío. Al menos en lo que a convivencia social y armoniosa se refiere.

 

Desde hace pocos años he dejado también de beber alcohol habitualmente con las comidas. Eso lo hice para no dar un mal ejemplo a mis hijos. Me parecía incoherente decirles que evitaran el alcohol y que me vieran todos los días, en todas las comidas, bebiendo vino y cerveza. Ahora solo bebo cuando salgo fuera y ocasionalmente en casa.

En contraste yo tomé vino desde muy corta edad, incluso como alimento. Todavía recuerdo las sabrosísimas catas de pan con vino y azúcar que mi madre me enseñó a preparar para merendar. La cultura mediterránea siempre ha estado vinculada al vino y al aceite.

Muchos podemos recordar como se publicitaban en la televisión bebidas alcohólicas recomendándolas para los niños como las kinas San Clemente y Santa Catalina.

La violencia asociada al alcohol es más propia de los anglosajones. Mi experiencia es que el alcohol desinhibe nuestro carácter mostrando buena parte de lo que solemos ocultar o aminorar por cultura o educación. Así, los que son violentos o desagradables acentúan esas características cuando están bebidos. Los amigos que tenía pendencieros lo eran más cuando estaban bajo la influencia del alcohol. A los que no lo eran el alcohol no hacia aflorar en ellos violencia alguna.