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Esta entrada de Varsavsky me ha hecho reflexionar sobre esta cuestión.
Creo que casi todos los motivos que allí se exponen son
determinantes.
Como suele suceder son un conjunto de circunstancias lo que
nos ha llevado a esta situación.
Coste económico
En la posguerra los españoles estaban en la miseria la
mayoría, incluso sin alimento suficiente. En ocasiones mi padre iba a buscar un trabajo
incierto a las 4 de la mañana, y comía lo que encontraba abandonado en el campo
como alguna bellota. Los pocos ingresos eran para los hijos y medicinas si había algún enfermo. Aún así
tuvo cinco.
Otro factor de interés es que ahora los hijos pueden
representar un cúmulo de disgustos, exigencias e ingratitud, sin que tengas
demasiadas posibilidades de educarles según tu criterio, ya que, la influencia
social y de los medios de comunicación puede ser muy superior a la de sus
propios padres.
Ahora parece que sólo los hijos tengan derechos y los padres
obligaciones, cuando antes era casi lo contrario. Normalmente la gente espera
que sus obligaciones y desvelos se vean recompensados con un mínimo de
gratitud. Demasiadas veces se obtiene todo lo contrario: Más exigencias, desafección e
ingratitud.
Por otro lado también está la sobreprotección que, bajo mi
punto de vista, es negativa tanto para los hijos como para los padres.
Está aumentando considerablemente el amedrentamiento y los
malos tratos a los padres. Principalmente a las madres separadas, abuelas, etc.
La figura paterna y los valores masculinos están
desprestigiados, mientras que los valores femeninos están más en alza al mismo
tiempo que las madres tienen cada vez menos tiempo para dedicarles. No se valora
ni fomenta el sacrificio. Al contrario, nos embriagamos de hedonismo y egoísmo.
Aumento de las separaciones de los padres y de las llamadas
familias monoparentales.
Padres que se auto engañan, y traicionan a sus hijos,
confundiendo comodidad e irresponsabilidad con bondad.
Estamos en un profundo proceso de readaptación, a otros
roles, en el núcleo familiar, y necesitaremos de mucho tiempo para ir
encontrando un nuevo y necesario reequilibrio.
No confío en absoluto en que la generación actual pueda
corregir estos malos hábitos, pues todavía es una tendencia en crecimiento, las
sociedades nunca saben parar a tiempo los excesos, sino que esperan a llegar a
un extremo para empezar a decantarse hacia el otro. Yo lo llamo efecto péndulo.
Todo este cúmulo de circunstancias, y algunas otras, hacen cada vez menos apetecible la paternidad / maternidad.
Graciano Palomo escribe una entrevista a Emilio Pinto “Hay padres que
blindan su casa por miedo a su hijo”
http://www.elsemanaldigital.com/arts/63237.asp?tt=
ACOSO EN LOS HOGARES. "Preferiría
que mi hijo estuviera muerto". Emilio Pinto, presidente de una fundación
dedicada a los menores y las familias, ha escuchado esta tremenda frase en más
de una ocasión.
M. Ángeles Burguera habla en un artículo sobre los pequeños tiranos y los
padres complacientes.
“La aparición de estos diminutos déspotas –casi siempre chicos, de
apenas 7 u 8 años– que dan órdenes a los padres, organizan la vida familiar y
chantajean a todo aquel que intenta frenarlos, comenzó a observarse hace ya una
década en las consultas infantiles. Su comportamiento colérico, más allá de la
simple pataleta, hace temer una adolescencia conflictiva y quizá contribuya a
aumentar un problema social ya serio: la violencia juvenil”.
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(1) Christiane Olivier, Enfants-rois, plus jamais
ça!, Editorial Albin Michel, París (2002).
(2)
Tiranía intrafamiliar, en La Revue du praticien – Medicina General, T. XV, n.
532.
(3) Danièle Guilbert, Et si l’autorité, c’ était
la liberté?, Editorial De la Matinière, París (2001).
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